Refajo del Pavo 

199,99 

Refajo del Pavo 

Refajo realizado en Paño de Béjar en color Negro

Refajo de 3 metros de vuelo

Largo de falda 80 cm

Forrado completo por dentro

Cintura de Alzapón o Pañal

 

Categoría:

Descripción

Refajo del Pavo 

Las claves de un buen refajo bordado no están solo en lo que se ve, sino en todo lo que lo hace perdurar. ✨
Un buen refajo comienza con la elección del paño: lana de calidad, con cuerpo, resistente al paso del tiempo y al uso continuado.
Continúa con el dibujo, siempre respetuoso con la tradición, estudiado a partir de piezas antiguas, museos y herencias familiares.
El bordado debe realizarse con puntadas adecuadas, bien tensadas, equilibradas y pensadas para vestir, no solo para exhibir.
La armonía del color es esencial: tonos que dialogan entre sí y con el traje completo, sin estridencias ni modas pasajeras.
Y, por último, el acabado interior, tan importante como el exterior: forros, costuras y remates que hablan de oficio y de respeto por la prenda.
Un refajo bien bordado no es una tendencia.
Es una pieza con alma, creada para acompañar generaciones y contar la historia de quien lo viste.
El Refajo de Pavo es una fiel reproducción de un dibujo antiguo.
Se tardó más de un més en poder sacar el dibujo original para tenerlo como plantilla o picaje para poderlo bordar.
Se ha conseguido un trabajo que se puede bordar en cualquiera de las modalidades o técnicas de bordado que existen en la actualidad.
Un bordado de más de 350.000 puntadas y que puede estar preparado para bordar en una infinidad de colores y combinaciones infinitas.
Bodoques, realces, canutillos, tatamis, festón o te tallo son algunas de las puntadas de bordado que lleva la pieza.
Refajo elaborado en Paño de Béjar de color negro, y bordado en hilos de seda en diferentes tonos de rojos, rosas, verdes, azules, blancos, amarillos….etc.
El Refajo del Pavo Tiene un vuelo de falda de 3 metros x un alto o largo de falda de 80 cm.
Se pueden variar colores y medidas.

En este caso se ha forrado por completo y montado con cintura de Alzapón o Pañal.

Hablar de bordado en España es hablar de memoria.

No solo de una técnica textil, sino de un lenguaje que se ha transmitido durante siglos en talleres, casas, cofradías, conventos y comunidades rurales.

Donde la aguja ha servido para decorar, proteger, identificar y contar historias.

El bordado es una forma de escritura: con hilos en lugar de tinta; con puntadas en lugar de letras; con paciencia en lugar de prisa.

Y esa escritura, que en la artesanía tradicional española alcanzó un nivel de riqueza extraordinario, ha sido una de las grandes influencias de los trajes regionales, especialmente en lugares como Extremadura.

Hoy, lejos de quedarse en un museo o en un recuerdo folclórico, el bordado ha vuelto a ocupar un lugar central en la moda contemporánea y, de manera muy visible, en la alta costura.

Bordar como gesto cultural: belleza, identidad y símbolo

En la tradición española, bordar no era un simple “adornar”. Era dar valor. Un bordado convertía una prenda en algo especial, marcaba un momento importante, representaba el estatus de una familia o identificaba el origen de quien lo llevaba. En muchas zonas, ciertos motivos y colores eran casi un “documento de identidad”: decían de qué pueblo venías, en qué etapa vital estabas, o incluso si estabas de luto, prometida o casada.

En la artesanía, además, el bordado está íntimamente ligado a la economía doméstica y al patrimonio femenino: generaciones de mujeres dedicaron horas a embellecer camisas, enaguas, pañuelos, delantales, jubones y refajos. Esa dedicación no era “tiempo perdido”; era inversión cultural. Se bordaba para una boda, para una romería, para una fiesta patronal, para heredar. Muchas piezas se guardaban como tesoros familiares y eran parte del ajuar, del legado y de la dignidad.

Técnicas tradicionales: el saber de la aguja

España ha sido un territorio riquísimo en técnicas. Algunas han tenido nombres propios según la región; otras comparten bases comunes y se reinterpretan. Hay bordados de relleno, de contorno, de recorte, de aplicación, de hilo contado, de realce. Hay bordados que nacen de la geometría y otros que parecen pintura. Hay puntadas finísimas “invisibles” y otras exuberantes que buscan relieve y presencia.

La variedad de materiales también es crucial: lino, algodón, lana, terciopelo, paño; hilos de seda, algodón mercerizado, lana fina, oro y plata (metales entorchados), canutillos, lentejuelas. Cada combinación crea un carácter distinto. Un bordado sobre lino blanco es luz y precisión; sobre terciopelo, profundidad; sobre paño, tradición y fuerza; con metal, solemnidad y lujo.

Lo más fascinante es que la técnica nunca fue independiente del uso. Un traje regional no se borda igual que una pieza litúrgica, ni un pañuelo cotidiano como un chal de ceremonia. La función determina la densidad del bordado, su ubicación y su durabilidad: no se borda igual una prenda pensada para el trabajo que otra pensada para bailar, para lucirse o para ser fotografiada en una celebración.

El traje regional: el bordado como arquitectura de la prenda

En los trajes regionales de España, el bordado actúa como “arquitectura visual”: dibuja líneas que equilibran la figura, resalta piezas clave y crea jerarquías. En muchas indumentarias tradicionales, se borda donde el cuerpo se mueve o se muestra: pecheras, bocamangas, puños, escotes, delanteros del jubón, delantales, pañuelos y mantones. Esa elección no es casual. El bordado acompaña el gesto, convierte el movimiento en espectáculo y hace que la prenda tenga vida.

Además, el bordado establece un diálogo con otras artesanías: encajes, pasamanería, botones, joyería tradicional, sombrerería, talabartería. Todo suma un universo estético completo. Y en ese universo, el bordado es el elemento narrativo: el que “cuenta” el estilo y la pertenencia.

Extremadura: bordado, carácter y herencia viva

Extremadura es un caso especialmente poderoso porque conserva una identidad textil muy marcada y, al mismo tiempo, diversa según comarcas y localidades. Los bordados extremeños han sabido mezclar austeridad y riqueza: piezas sobrias en estructura, pero con estallidos de color, o con detalles minuciosos que se descubren de cerca. En delantales, pañuelos, refajos, jubones y camisas, el bordado aparece como firma y como orgullo.

En la indumentaria tradicional extremeña, el refajo bordado es una de las piezas más emblemáticas. Su presencia no es solo decorativa: es símbolo. El refajo, con su peso, su caída y su color, sostiene toda la silueta del traje. El bordado en él se convierte en “escena”: flores, tallos, pájaros, motivos geométricos, composiciones que pueden variar según el gusto familiar, la disponibilidad de materiales y las modas locales. Y en cada puntada hay una decisión: dónde colocar el motivo, cuánto cargarlo, qué colores equilibran el conjunto.

También en Extremadura los pañuelos (de cabeza o de hombros), los mandiles y ciertas piezas de ropa blanca han sido un lienzo tradicional. Los bordados en camisería —más delicados, a menudo de hilo sobre blanco o con pequeños toques de color— muestran otra cara del bordado: la elegancia silenciosa, la precisión, el detalle que habla de manos expertas.

Esa riqueza extremeña no es una pieza congelada. Está viva porque todavía se usa, se reproduce, se restaura y se interpreta. Y ahí está uno de los grandes valores actuales: la conservación no significa repetir sin pensar; significa entender la raíz para poder sostenerla en el tiempo.

Del campo a la ciudad: cómo el bordado ha llegado a la moda actual

Durante décadas, parte de la moda moderna vio lo tradicional como algo “antiguo”, reservado a celebraciones o al folclore. Pero eso ha cambiado. En el siglo XXI ha ocurrido algo decisivo: la moda ha redescubierto el valor de lo hecho a mano, la autenticidad de la artesanía y el poder narrativo de la tradición.

El bordado ha sido uno de los protagonistas de ese regreso. Por varias razones:

  1. Necesidad de identidad: en un mundo donde muchas prendas son iguales, el bordado diferencia, personaliza y hace única una pieza.

  2. Valor emocional: el bordado conecta con lo heredado y lo humano. No es solo estética; es historia.

  3. Sostenibilidad real: lo artesanal suele implicar calidad, durabilidad, reparación, transmisión. Es lo contrario de lo desechable.

  4. Lenguaje visual potente: el bordado “se ve” y se entiende incluso sin explicar nada. Impacta.

En la moda actual, el bordado aparece de formas nuevas: aplicado en prendas minimalistas, usado en contraste (bordado tradicional sobre cortes contemporáneos), reinterpretado a gran escala o reducido a detalles finos. Muchas marcas han comprendido que la modernidad no exige borrar el pasado; puede dialogar con él.

La alta costura: el bordado como lujo absoluto

Si hay un lugar donde el bordado nunca desapareció, ese es la alta costura. Allí, el bordado no es un “extra”: es uno de los pilares del lujo. La costura de autor se construye sobre horas, y el bordado es horas hechas belleza.

En la alta costura, el bordado cumple funciones claras:

  • Crear volumen y relieve: pétalos, plumas, tramas, texturas que se perciben casi como escultura.

  • Dibujar el cuerpo: contornos, líneas que alargan, que afinan, que encuadran.

  • Aportar luz: lentejuelas, cristales, metal, hilo brillante; el bordado convierte la prenda en un juego de reflejos.

  • Mostrar maestría: cada puntada es una firma de excelencia.

Lo más interesante es que la alta costura contemporánea está cada vez más abierta a referencias culturales auténticas. Y ahí, la artesanía tradicional española —y la extremeña en particular— tiene un potencial enorme: por su fuerza gráfica, por sus paletas de color, por sus motivos reconocibles y por la historia que arrastra.

Cuando un bordado tradicional se traslada a un patrón contemporáneo de alta costura, ocurre algo poderoso: la tradición deja de ser “pasado” y se convierte en “vanguardia con raíces”. Un delantal bordado inspira un panel bordado en un vestido de noche; una composición floral de un refajo se transforma en una espalda joya; un pañuelo de uso popular se convierte en capa, estola o pieza central de un look editorial.

Extremadura como inspiración para crear moda con alma

La moda que perdura suele tener algo en común: no es solo bonita, tiene verdad. Y la verdad del bordado extremeño está en su origen comunitario, en su vínculo con la fiesta, con el trabajo, con la ceremonia y con la herencia familiar.

Integrar esa herencia en la moda actual no significa “copiar” un traje regional y convertirlo en disfraz. Significa extraer los códigos esenciales:

  • el equilibrio entre estructura y ornamento,

  • la colocación inteligente del bordado,

  • la relación entre color y emoción,

  • el respeto a la técnica,

  • la intención simbólica del motivo.

Y, sobre todo, significa trabajar desde la ética: reconocer a los artesanos, pagar el tiempo real, sostener talleres, formar nuevas manos. Porque el bordado no se improvisa. Se aprende. Y se protege practicándolo.

El futuro: conservar bordando, innovar respetando

Hoy el bordado vuelve a ser tendencia, pero su valor no debería depender de la moda del momento. La artesanía tradicional española —y la extremeña— tiene un papel cultural: es patrimonio vivo. Si se deja de bordar, no solo se pierde una estética; se pierde un idioma.

Por eso, el presente es una oportunidad. Cada vez que una prenda contemporánea incorpora bordado artesanal, no solo se embellece: se conecta con una cadena de saberes. Cada vez que una pieza inspirada en el traje regional se lleva a una pasarela, se demuestra que lo popular también puede ser lujo. Y cada vez que un taller decide preservar una técnica y adaptarla con respeto, está haciendo algo más grande que la moda: está cuidando cultura.

El bordado seguirá ocupando un lugar importante en la alta costura por una razón simple: es irreemplazable. No hay máquina que sustituya el pulso, la intención y la sensibilidad de una mano experta. Y eso, en un mundo acelerado, se ha convertido en el lujo más grande: el tiempo convertido en belleza.

Recomendamos siempre la imprescindible visita al Museo del Traje para admirar la maravillosa colección de Indumentaria tradicional que atesoran.

Siempre recomendamos acompañar de un buen Pañuelo Tradicional los Refajos Tradicionales

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